- El buque humanitario operado por Salvamento Marítimo Humanitario (SMH) ha completado el desembarco de 32 personas en el puerto italiano de Vibo Valentia tras una travesía marcada por el empeoramiento meteorológico y el endurecimiento de las rutas migratorias.
- La organización denuncia la pasividad institucional, los obstáculos a la labor de rescate civil y el impacto devastador de la externalización de fronteras, agravado tras tragedias recientes como el paso del ciclón Harry.
València / Vibo Valentia, marzo de 2026 – El buque de rescate humanitario Aita Mari ha culminado con éxito su misión número 18 en el Mediterráneo Central tras atracar en el puerto italiano de Vibo Valentia para desembarcar a 32 personas migrantes que fueron rescatadas en alta mar en condiciones de extrema precariedad.
Desarrollo de la Misión 18 y rescate de 32 personas
La misión dio comienzo el pasado 11 de marzo, cuando el buque zarpó desde el Puerto de València rumbo a Siracusa (Italia). Durante el transcurso de las operaciones en la zona SAR, la tripulación se enfrentó a un escenario de gran complejidad meteorológica y operativa, compartiendo zona con otros barcos de la flota civil como el Life Support, el Humanity 1 y el Ocean Viking.

El rescate de las 32 personas se produjo de madrugada, tras localizar una embarcación neumática que llevaba dos días a la deriva a punto de colapsar. Entre las personas rescatadas se encontraban:
- 27 hombres y 5 mujeres (incluyendo una mujer embarazada de ocho meses).
- 9 menores de edad de entre 2 y 17 años.
- Países de origen: Camerún, Eritrea, Mali, Burkina Faso, Nigeria, Ghana, Somalia y Costa de Mafril.
El equipo sanitario a bordo, formado por la doctora María Valor y la enfermera Maialen Sáez de Okariz, prestó asistencia inmediata a los supervivientes, diagnosticando cuadros de hipotermia, deshidratación, agotamiento, dolores y lesiones derivadas del hacinamiento, además de documentar casos de personas que sufrieron abusos sexuales y torturas en países de tránsito como Mali, Argelia o Túnez. Tras dos días de navegación desde el punto de rescate, el buque recibió la asignación del puerto de Vibo Valentia, donde se efectuó el desembarco con normalidad.
Obstrucción institucional y colapso en el Mediterráneo
Durante la misión, la tripulación del Aita Mari denunció las graves trabas impuestas por las autoridades europeas y los riesgos derivados del Pacto Migratorio Europeo. Entre los incidentes destacados figura la búsqueda infructuosa de un bote con 34 personas procedentes de Bengasi (Libia) —una ruta cada vez más peligrosa debido al cierre de vías seguras—, cuyo rescate final fue asumido por la guardia costera italiana en Pozzalo tras horas de carencia de coordinación y silencio por parte de Malta e Italia. Asimismo, se alertó de la alarmante situación de un gasero ruso a la deriva frente a las costas libias con cientos de toneladas de combustible, calificado como una “bomba de relojería” medioambiental.
Por otro lado, SMH ha puesto el foco en el trágico balance de fallecidos tras el paso del ciclón Harry, estimando que cerca de un millar de personas perdieron la vida en naufragios cuyas consecuencias continúan latentes en las costas de Libia, Italia y Malta, con decenas de personas pendientes de rescate en plataformas marítimas como Mískar.

Rechazo a la “Europa Fortaleza” y criminalización de la solidaridad
Coincidiendo con el despliegue de la misión, la organización ha vuelto a alzar la voz contra el endurecimiento de las políticas migratorias de la Unión Europea y la inminente entrada en vigor de nuevos decretos que restringen el derecho de asilo y potencian los acuerdos con terceros países como Libia o Túnez —espacios donde se producen devoluciones en caliente (push backs) ilegales y sistemáticas violaciones de derechos humanos—.
“Externalizar las fronteras y financiar centros de deportación fuera de Europa no resuelve nada: solo aleja el problema de nuestra vista mientras miles de personas continúan arriesgando su vida. Tenemos que decir basta a la Europa fortaleza”, ha señalado el capitán del buque, Iñigo Mijangos, reivindicando que salvar vidas en el mar sigue siendo un deber humanitario irrenunciable ante la falta de vías legales y seguras.

Fotografías: Santiago Torrado y Asier Aldea.