Valencia / Mediterráneo Central, diciembre de 2025 – El barco de rescate humanitario Aita Mari ha zarpado este mes desde el puerto de Sagunto (Valencia) para llevar a cabo su Misión 17, consolidándose como un recurso vital en una de las rutas migratorias más letales del planeta. A pesar de que durante los meses de invierno el flujo de personas disminuye, la tripulación advierte que quienes se arriesgan a cruzar el mar se enfrentan a condiciones aún más extremas y a un entorno crecientemente hostil marcado por el Decreto Piantedosi en Italia y el nuevo marco del pacto migratorio europeo.

Resumen de las operaciones de rescate de la Misión 17

Durante esta última misión del año 2025, el Aita Mari ha intervenido en dos rescates de gran calado:

  1. Primer rescate (1 de diciembre de 2025): A las 06:32 horas, a 40 millas al sur de Lampedusa y con el apoyo de la embarcación Louise Michel, el buque auxilió a 26 personas procedentes de Somalia, Eritrea y Sudán. El grupo estaba integrado por 7 hombres, 3 mujeres —incluyendo una mujer embarazada y la madre de un bebé—, 15 menores de edad y un bebé de seis meses. Tras una navegación forzada de dos días, los supervivientes desembarcaron con normalidad en el puerto de Civitavecchia (Roma), a más de 400 millas náuticas de la zona de rescate.
  2. Segundo rescate (12 de diciembre de 2025): A las 08:44 horas, a 34 millas al suroeste de Lampedusa, la tripulación rescató a 56 personas (33 adultos —17 mujeres y 16 hombres—, 7 bebés y 16 menores de edad) originarias de Guinea Conakri, Costa de Marfil, Burkina Faso, Gambia, Mali y Camerún. Debido a la extrema desnutrición y deshidratación, un bebé de dos meses y sus padres tuvieron que ser evacuados de urgencia, mientras que el resto de los supervivientes fueron asignados al lejano puerto de Brindisi.

Impunidad en terceros países y vulneración de derechos humanos

Coincidiendo con el décimo aniversario de Salvamento Marítimo Humanitario (SMH), la organización ha denunciado con contundencia que las condiciones para las personas migrantes y solicitantes de asilo se han deteriorado drásticamente en esta década.

Desde SMH se critica que el nuevo Pacto Migratorio de la Unión Europea otorga total impunidad a terceros países y estados fallidos, como Libia o Túnez, entregando partidas millonarias bajo el pretexto de combatir la inmigración irregular. Organizaciones como Refugees in Libya han documentado reiteradamente ante el Parlamento Europeo las detenciones arbitrarias, torturas, violaciones y situaciones de esclavitud que sufren las personas migrantes en territorio libio, un contexto de violencia del que huyen las personas asistidas a bordo.

Asimismo, la misión ha estado marcada por la grave denuncia de la violencia en el mar: durante el primer rescate, el Louise Michel presenció cómo un patrullero libio disparaba a escasa distancia de una patera, obligando a abortar el salvamento. Ante estos hechos y el documentado historial de abusos, las ONGs que integran la Justice Fleet reafirman su negativa a colaborar con los autodenominados “guardacostas libios”, una postura que ya ha provocado la detención provisional de barcos humanitarios como el Humanity 1 en el puerto de Ortona.

Castigo logístico: puertos lejanos y criminalización

Las organizaciones humanitarias denuncian que la imposición de puertos distantes para los desembarcos —como Civitavecchia o Brindisi, situados a varios días de navegación— forma parte de una estrategia política destinada a vaciar la zona de operaciones, reducir los recursos efectivos de salvamento y silenciar a los testigos de las violaciones de derechos humanos en el Mediterráneo.

Frente a la criminalización y la deshumanización institucional, Salvamento Marítimo Humanitario reitera que salvar vidas en el mar es un deber humanitario innegociable y exige vías legales y seguras que garanticen el respeto al derecho internacional marítimo.